Los Sanfermines, la fiesta de las fiestas

   

Los sanfermines son sin duda la fiesta más famosa de las celebradas en España.

Su origen proviene de la época medieval donde era una feria comercial y fiesta secular, usando para ello las fechas de fiestas religiosas cristianas, que a su vez usaban fechas festivas de orígenes anteriores, como la del paganismo vasco y latino. A comienzos del siglo XIII se celebraban unas ferias comerciales tras la noche de San Juan, entre el día 23 y el 24 de junio, coincidiendo el comienzo del verano, y posteriormente se pasaron a celebrar a partir de la festividad de San Pedro, el 29 de junio. Como las ferias eran lugares de encuentro de mercaderes, ganaderos y aldeanos, eran también pretexto para festejar y comenzaron a organizarse corridas de toros como parte de la tradición. También al final del verano, el 10 de octubre, se organizaba una feria en Pamplona, de siete días de duración, desde el año 1324, por privilegio del rey Carlos I de Navarra y IV de Francia. En 1381 por privilegio del rey Carlos II de Navarra, pasó a ser feria franca, coincidiendo también entonces con festividades religiosas. Estas dos ferias y fiestas, al inicio y al final del verano, se unificaron en 1592 para aprovechar el mejor tiempo, comenzando el día séptimo del séptimo mes: el 7 de julio. Aunque todavía en la actualidad, a finales del verano, se celebran “San Fermín txikito” (pequeños sanfermines) sólo celebrado por los propios navarros.

Fueron pasando los siglos, sin grandes cambios en los sanfermines. Pero desde 1950 aproximadamente, los cambios han sido acelerados. En primer lugar, por el incremento del nivel de vida. El pueblo (Pamplona tendría unos veinte mil habitantes) se juntaba en la Plaza Consistorial para recoger al Ayuntamiento y acompañarlo a la iglesia de San Lorenzo, donde en la capilla de San Fermín se celebraban, las Vísperas, en la tarde del 6 de julio. Tras la misa, pueblo y autoridades regresaban de la iglesia al Ayuntamiento, igualmente por la calle Mayor.

Desde 1950, aproximadamente, los sanfermines vienen evolucionando tanto como la sociedad. Han perdido mucho de su componente religioso, aunque la procesión sigue siendo multitudinaria y presenta algunos “momenticos” especialmente entrañables, como la jota que se canta al santo en la Plazuela del Consejo o el Agur jaunak interpretado en su honor en el lugar, frente a la iglesia de San Cernin o San Saturnino en que se dice que fue bautizado. El “riau-riau”, con el que el pueblo acompañaba, a los sones del “Vals de Astráin”, al Ayuntamiento en cuerpo de ciudad, retardando lo más posible su marcha desde la Casa Consistorial hasta la iglesia de San Lorenzo, para celebrar aquí las Vísperas del Santo, ha tenido que suspenderse porque en los últimos años había sido ocasión de protestas y disturbios. Ahora bien, recientemente se está volviendo a festejar -originalmente, por iniciativa de clubs de jubilados-, aunque sin la corporación municipal.

El chupinazo es el cohete que se lanza el día 6 de julio de cada año a las doce del mediodía desde el balcón de la casa consistorial de Pamplona para señalar el inicio de las fiestas de san Fermín o sanfermines. Congrega gran número de público y se retransmite en directo por televisión. Es el chupinazo más famoso del mundo.

Chupinazo

El origen de esta tradición se halla a principios del siglo XX. El Ayuntamiento de Pamplona contrataba una empresa de pirotecnia que disparaba una serie de cohetes el día 6 de julio, víspera de la fiesta de san Fermín, para señalar el inicio de las fiestas. Los cohetes se disparaban desde la Plaza del Castillo por un empleado de la empresa, sin mayores ceremonias. En la década de los años treinta empezó a congregarse una buena cantidad de público en el momento del lanzamiento de los cohetes, y algunos pamploneses solicitaban del operario que les permitiese prender la mecha, en particular Juan Echepare Aramendía disparó el primer cohete entre 1931 y 1936.

En 1939 fue un concejal del ayuntamiento, Joaquín Ilundain, el que solicitó para sí el honor de disparar el primer cohete, y a raíz de ello y junto con el periodista José Mª Pérez Salazar promovió la idea de que el lanzamiento de ese primer chupinazo se hiciera con mayor solemnidad. En 1941 por primera vez el disparo se hizo desde el balcón principal de la Casa Consistorial, siendo encargado de prender la mecha el propio Joaquín Ilundain. En los años siguientes se adoptó la costumbre de que el concejal encargado de disparar el chupinazo fuera el presidente de la comisión municipal de fiestas. Esta costumbre sólo se rompió en 1964 cuando se cedió el honor a Manuel Fraga, Ministro de Información y Turismo, que se hallaba de visita en la ciudad. Es también tradicional que quien dispara el chupinazo previamente vitoree a san Fermín.

         

Tras la instauración de la democracia y la elección del primer ayuntamiento democrático en 1979 se adoptó el criterio de que el lanzamiento del chupinazo se hiciera rotatorio, primero entre los miembros de la comisión de fiestas y, a partir de 1983, entre los diversos grupos políticos de mayor a menor. Este criterio sólo se ha roto en los años 2000, 2001 y 2010 en que se otorgó la distinción del lanzamiento al Club Atlético Osasuna, en la persona de su capitán César Palacios, por el ascenso conseguido ese año 2000 a Primera División, al Portland San Antonio, en la persona de su presidente Fermín Tajadura por su victoria en la máxima competición continental, la Copa de Europa de Balonmano, y a la Comparsa de Gigantes, en la persona de su presidente Mari Ganuza, como reconocimiento a los 150 años de historia celebraba ese año.

Desde el 6 de julio de 1941, a pesar de que algunas personas encargadas de lanzar el cohete han hecho algunos cambios en el tradicional grito, la fórmula que mayoritariamente se ha pronunciado ha sido la siguiente:

‘”Pamploneses, Pamplonesas, ¡Viva san Fermín! Gora san Fermin!”‘

El Riau-Riau se celebró por primera vez en 1914, y el inicio de esta tradición se atribuye a Ignacio Baleztena, un carlista que coreando el Vals de Astráin quiso interponerse en el avance de un Ayuntamiento políticamente contrario. El festejo cuajó rápidamente, hecho que fue corroborado porque en la década de los años veinte hubo dos intentos de prohibición por parte de la Alcaldía.

El Riau-Riau, antes de la década de los noventa, sólo tuvo un parón, el acaecido entre 1932 y 1936 (II República) debido a que la Corporación no participó en los actos religiosos.

En 1972, el Riau-Riau fue suspendido por primera vez tras 45 minutos en los que la Corporación apenas pudo avanzar unos metros. A partir de esta fecha se sucedieron una serie de Riau-Riaus en los que la tónica general fue el poco avance de la Corporación y la cada vez más multitudinaria asistencia al acto. Así, en numerosas ocasiones el acto tuvo que ser suspendido sin que la comitiva pudiera llegar a San Lorenzo. El último Riau-Riau que consiguió este objetivo fue el de 1985, con una duración de tres horas y media, durante las cuales se interpretó, cantó y bailó el “Vals de Astrain” unas 180 veces.

En 1991, y debido a altercados políticos, el Riau-Riau tuvo que ser suspendido y no se volvió a celebrar hasta 1996, en el que por los mismos motivos tampoco pudo realizarse. Desde este año, el Riau-Riau ha estado ausente de las fiestas de San Fermín, aunque cada año es uno de los temas candentes a la hora de planificarse el programa festivo.

Desde 1997, la Peña Mutilzarra se encarga de que no se pierda esta costumbre típica de san Fermín y organiza un Riau-Riau alternativo, sin políticos pero sí con la gente de Pamplona que quiere conservar la tradición de acudir a Vísperas recorriendo el trayecto entre el ayuntamiento y la iglesia de San Lorenzo al son del Vals de Astrain.

El año 2012 marcó un hito al incluirse el acto en el programa de fiestas. No obstante, tuvo que ser suspendido nuevamente ante la imposibilidad física de salir del Ayuntamiento.

Los encierros consisten en acompañar a la manada de toros y cabestros hasta la plaza de toros que a las ocho de la mañana salen desde los corrales de Santo Domingo, donde han pasado la noche, unos 849 metros.

Los sanfermines

El primer encierro de las fiestas es el del día 7 de julio y el último el del día 14.

Desde el año 2009 los cánticos previos al encierro se interpretan tanto en castellano como en euskera.

A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. ¡Viva San Fermín! ¡Viva!, Gora San Fermin! Gora!

El recorrido se realiza a lo largo de las calles de la parte vieja de Pamplona. Da comienzo en los corralillos de la cuesta de Santo Domingo, subiendo hasta la Plaza Consistorial (Plaza del Ayuntamiento) y girando por la calle Mercaderes, para acceder a la calle Estafeta que conduce finalmente por el tramo de Telefónica hasta el callejón que entra a la Plaza de Toros.

La fama mundial de Las Fiestas de Los Sanfermines se deben a la visita de Ernest Hemingway, que fue asiduo a la misma sirviendo de gran difusión internacional a al misma, lo que hace que Pamplona durante unos días se desborde de personas provenientes de las partes más variopintas del mundo.

Las fiestas terminan en la noche del 14 de julio con tradicional “Pobre de mí”, la canción de despedida que los pamploneses entonan con pesar desde la plaza del Ayuntamiento o la del Castillo:

Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín.

Pobre de mi

La tristeza se acaba al pensar que ya falta menos para que vuelva a ser 7 de julio otra vez.